viernes, 23 de junio de 2017

"Sus Grandes Ojos Marrones" (1936) Comedia y Balas mezcla perfecta

 
La unión del género policiaco con el de la comedia, siempre ha resultado para mi de lo más estimulante y a decir por la multitud de muestras que hay de este género híbrido, es evidente que no soy el único que disfruta de el. Sería prolijo el enumerar la multitud de ejemplos que hay tanto en la literatura, base de la mayoría de las películas, como de estas mismas.


A todos nos viene al recuerdo, la actuación de Nigel Bruce como un cómico doctor Watson en la serie de títulos que le unió junto a Basil Rhatbone, desfigurando al personaje de las novelas de Conan Doyle, pero creando un personaje cinematográfico que quedó en la memoria de multitud de espectadores. También en las adaptaciones rodadas en los sesenta del personaje de Agatha Cristie, Miss Marple, se acentuaron sus rasgos cómicos por medio de la genial Margaret Rutherford. En cuanto al gran maestro Hichtcock ya desde su etapa inglesa mezcló con sabiduría los crímenes con la comedia.
 


Pero si hay un filme que influyó decisivamente es "La cena de los acusados" (The thin man) donde W.S. Van Dyke llevaba a la pantalla la novela de Dasiel Hammett y convertía en estrellas a sus protagonistas Mirna Loy y William Powell. La repercusión de la cinta fue tal que no sólo motivo una larga serie de secuelas protagonizadas por la pareja durante década y media, sino que hubo muchos otros títulos donde la impronta de este era más que evidente.
 


Hasta en la recia Warner, donde los gangster habían campado por sus respetos desde que se iniciara la década, decidió adoptar el estilo Thin Man para su serie sobre el abogado y detective Perry Mason. Incluso William Powell interpretó otros remedos de Nick Charles en otros estudios menores, tal fue el influjo que tuvo la famosa serie. La Warner llegó incluso a adaptar la novela más famosa de Hammett, El halcón maltés en clave de comedia. La cinta se título Satan whit a lady, protagonizada por el Perry Mason del estudio Warren William y una Bette Davis que todavía no era la reina de la Warner.
 
Dos años después de la cinta de Van Dyke en 1936, la Paramount produjo esta cinta para mi totalmente desconocida, basada en dos relatos del estupendo narrador James Edward Grant, por primera vez llevado al cine y famoso por su colaboración con varios vehículos a mayor gloria de John Wayne. Con ese material se realizó un agilísimo guion obra de Bert Hanlon y de su realizador Raoul Walsh.
Hacía mucho que no frecuentaba este blog, el que es para mí uno de mis directores favoritos, sino el que más, perteneciendo además esta película al periodo menos conocido del director. Walsh que había sido el director estrella de la Fox junto a John Ford vio como su estrella declinaba y pasó casi toda la década de estudio en estudio. Por ejemplo en esta época firmó el primer musical en el que Bing Crosby era auténtico protagonista, en España se tituló Amores en Hollywood y fue producido por MGM, una rara avis pues Bing sería la primera estrella de la Paramount en las siguientes dos décadas y no volvería a la casa del león hasta casi un cuarto de siglo después cuando rodó Alta sociedad, remake de Historias de Filadelfia.
 
 
 
 
Pero volvamos a la Paramount en esta producción de Walter Wanger entonces asociado a la Paramount y que protagonizaba su luego esposa Joan Bennett. En aquel entonces Joan era poco más que la hermana de Costance Bennett, una de las estrellas de RKO que el tiempo ha olvidado. En cambio Joan merced a la aventura de capa y espada de James Whale "El hombre de la máscara de hierro" y de su asociación en los cuarenta con Fritz Lang quien la convirtió en toda una Femme Fatale a permanecido en la memoria de los aficionados. Su fama declinó merced a un escándalo en la que se vio envuelta cuando su marido Wanger, sospechoso de que ella mantenía un romance con su agente, intentó matarlo. Aunque al final no hubo que lamentar desgracias mayores, el consiguiente escándalo acabó con su carrera en la gran pantalla terminando como otras muchas viejas glorias en la televisión.
Por entonces en 1936 Joan estaba realmente radiante luciendo una cabellera rubia que poco después cambiaría por el pelo moreno con el que hizo sus papeles más conocidos. También era algo distinta la apariencia de su pareja en el filme, Cary Grant, con unos cuantos kilos más que restaban sólo un poco de esbeltez a su extraordinario físico.
 
Precisamente su magnífica apariencia no había pasado desapercibida para Mae West quien le dio los primeros papeles de importancia en el estudio. Durante su estancia en la Paramount, Grant había hecho practicamente de todo, sin todavía encontrar ese sello que luego sería inconfundible. Su personalidad empezaría a forjarse en dos títulos rodados muy poco después uno que resultó un gran fracaso que fue La gran aventura de Silvia, pese a ser su primera película con Kate Hepburn y la dirección de Cukor. El segundo fue todo lo contrario, hablamos de La Pícara Puritana con la que Leo McCarey ganó el oscar y donde además de Irene Dunne intervenía el famoso Fox Terrier que interpretaba a Asta en la serie de Thin Man.


Pareciera como si los famosos personajes de Hammett se empeñaran en perseguirnos, algo muy natural tratándose del filme que hoy nos ocupa. Pese a lo dicho en el anterior párrafo que es además lo que opinan la inmensa mayoría de críticos cinematográficos, yo en Sus grandes ojos marrones si que empiezo a ver a un Cary Grant bastante definido, tanto en los momentos más serios donde aporta una gran personalidad como en los de comedia, especialmente en una escena donde valiéndose de la habilidad de su personaje para la ventrilocuia, realiza un divertido diálogo con una mujer inexistente para provocar los celos de su novia. Grant y Bennett acababan de rodar juntos otra película "Casate conmigo si puedes" donde ya se veía la buena química que había entre ambos.
 
Ella trabaja de manicura en un elegante salón de belleza con un público mayoritariamente masculino, pero pronto dejará el empleo para convertirse en avispada periodista por arte de la magia de Hollywood y para ayudar a su novio agente de policía.
El tercero en discordia un delincuente de guante blanco, de aspecto sofisticado, amplia cultura y exquisitos modales, es interpretado por un joven Walter Pidgeon. El actor canadiense que será en la próxima década uno de los actores más populares gracias a su colaboración con la exquisita Greer Garson en La señora Minniver, ya por entonces deja notar su elegancia muy a proposito para el personaje que interpreta.
Su pandilla: burdos, iletrados y violentos es interpretada por secundarios eficaces destacando el sobrio Lloyd Nolan, un termino medio entre el elegante Pidgeon y los pistoleros de barrio bajo.
La película por inverosimil que hoy nos pueda resultar parte de su argumento, sigue hablando de algo que continua siendo una lacra de nuestra sociedad, la corrupción y como esta está instalada en muchas ocasiones bajo la apariencia más digna.Pero esta por supuesto no es ningún filme moralizante. Es un estupendo entretenimiento, elegante y divertido, con alguna gotita de drama. Walsh como siempre imprime un ritmo fluido, con un diálogo vertiginoso que nos hace recordar los de Howard Hawks en La comedia de la vida y Luna nueva. Además introduce unos primeros planos inclinados al principio de la película en la barberia, acción que vuelve a repetir en el mismo lugar y también en el tribunal, logrando un excelente ejemplo de cercanía y dando impronta de autoria a un título que en manos diferentes a las de Walsh seguro no resultaría tan atractivo.
 
 
 
 
Son poco más de hora y cuarto realmente divertidas, pues como he dicho muchas veces una de las máximas del cine de Walsh es que siempre logra entretener al espectador y hasta en cintas menores como estas su obra sigue resultando interesante. Pronto el director volvería a ocupar un lugar cimero al fichar por la Warner y ser el director preferido de sus estrellas masculinas consagradas como Cagney y Erroll Flynn, además de deparar a Bogart su primer gran éxito con El último refugio, pero esa ya es otra historia. Todavía estamos en 1936 donde la pistolas estaban de moda que fueran de la mano de la comedia, eso si, solo en el universo imaginario de Hollywood.
 
 
 
 

viernes, 7 de abril de 2017

Lo que desea toda mujer (1945) La vis cómica de Sam Wood


Como acertadamente decía Terenci Moix en su Historia del Cine, la baja apreciación que se tiene por el trabajo del director Sam Wood, está íntimamente ligado a los prejuicios que pueden motivar sus ideas conservadoras. Este argumento suele ponerse encima de la mesa en el caso de muchos realizadores, llegando a casos como el de John Ford donde además esas calificaciones son absolutamente falsas. Cierto es que Wood fue un prominente propagador de sus ideas políticas al igual que su mentor Cecil B. DeMille con el que comenzó como ayudante en 1916 después de una oscura carrera de actor comenzada ocho años antes.  Sam Wood era uno de esos pioneros que ya estaban plenamente asentados en la maquinaria Hollywoodiense en los años veinte, siendo uno de los directores habituales de Gloria Swason. Aquí también recogía el legado de DeMille pues este era quien la había convertido en la "Reina de la Paramount". No obstante, pese a las oportunidades que le brindó la industria su trayectoria en los primeros años de su carrera es irregular, careciendo sus películas de la perfección alcanzada por otros directores de largo recorrido como Clarence Brown y Victor Fleming, con quienes Wood compartía estudio, la MGM, a comienzos de la década de los treinta.

Una de las películas silentes más famosa de Wood
 
Ninguno de los vehículos que dirigió para estrellas que se acercaban al ocaso como John Gilbert y Ramón Novarro consiguieron repercusión en las taquillas. En el último filme que rodo con Novarro "Una noche en El Cairo" que ya reseñamos en este blog se pudieron ver las excelentes dotes de Sam Wood para el género de la comedia. Algo que se hizo mucho más evidente en las dos películas más exitosas de Los Hermanos Marx , Una noche en la ópera y Un día en las carreras. También tenían sus dosis de comedia dos cintas protagonizadas por Mickey Rooney que acabaron por convertirlo en una de las estrellas principales de la Metro, Uña y carne y Horizontes de gloria donde también intervenía Freddy Bartholomew el otro famoso niño prodigio de la productora. Precisamente en sus orígenes Wood había dirigido al entonces mundialmente famoso Jackie Coogan, quien había sido El Chico en la inmortal película de Chaplin.
 

Pero el auténtico prestigio lo consiguió con Adiós Mr. Chips, desde entonces se dedicó con frecuencia a grandes proyectos, algunos solventados con sobresaliente como "El orgullo de los yankees" otros como "¿Por quién doblan las campanas? Siguen dividiendo a la crítica, aunque todos creen que la producción estuvo por debajo de las expectativas creadas. En ambas el protagonista era Gary Cooper, la estrella por antonomasia del cine americano. Un año después de rodar la adaptación de la novela de Hemingway, Cooper volvió a ponerse bajo las ordenes de Wood en un retorno a la comedia de ambos, un filme amable titulado "Casanova Brown". Wood volvería con Cooper al año siguiente y también a la comedia con la película que nos ocupa. Si con "La indómita" donde volvía a reunir a Ingrid Bergman y Gary Cooper esta vez en el oeste americano, Wood volvía a pinchar, con "Apártate cariño" consiguió una apreciable muestra del género por el que es menos conocido, pero que seguramente mejor dominaba. El productor Jack H. Skirball, puso a su disposición un estupendo reparto encabezado por Claudette Colbert. Don Ameche y el hoy menos conocido pero eficaz Dick Foran. Foran fue un asiduo en las producciones de serie B interpretando a vaqueros cantantes en la Warner. Luego en la Universal protagonizó las dos primeras películas de La Momia (más información sobre Foran en el post http://ramonnovarr.blogspot.com.es/2015/03/la-mano-de-la-momia-1940-la-creacion-de.html) También tuvo un estimable guion de Bruce Manning y John Klorer, que no eran unos guionistas de relumbrón pero que aquí realizaron su mejor trabajo con bastantes escenas disparatadas que nos hacen recordar las diabólicas travesuras de los Marx.
 

Claudette Colbert y Don Ameche ya habían coincidido en un gran clásico de la comedia “Medianoche” dirigida por Mitchell Leisen con guion de Billy Wilder. Sin alcanzar las cotas por supuesto de esa maravillosa película, Apártate cariño sigue constituyendo un divertimento fantástico con dos actores que dominaban plenamente el género. La Colbert ya no tenía la lozanía que en sus inicios la habían hecho interpretar a vampiresas históricas, dirigida por DeMille y vestida por Travis Benton, pero había alcanzado la maestría interpretativa. Versatil como pocas había triunfado en el drama con igual rotundidad, Imitación de la vida y Desde que te fuiste son dos magníficos ejemplos, igualmente acompañó a Henry Fonda en la epopeya de Ford sobre los inicios de Estados Unidos “Corazones indomables” y hasta apareció en una estupenda cinta bélica junto a otros dos de las grandes damas de la Paramount: Paulette Godard y Veronica Lake en “Sangre en Filipinas”. Pero es en el género de la comedia donde brilló con una luz que muy pocas pudieron igualar, sólo con citar Sucedió una noche, Un marido rico y La octava mujer de barba azul, podemos augurar un curriculum como pocos en tan popular y difícil género.

                  Claudette Colbert en dos de sus grandes éxitos El signo de la Cruz y Medianoche
 

La última de estas películas fue dirigida por el gran maestro Ernst Lubitsch, quién asimismo dio a Don Ameche la oportunidad de alcanzar el olimpo de la comedia con uno de los mejores títulos de la historia “El diablo dijo no” junto a la bellísima Gene Tierney. Ameche no tuvo la carrera estratosférica de la Colbert, primero actuó como segundo de Tyrone Power en películas tan populares como Chicago y La banda de Alexander, en una apuesta de la Fox por repetir el exitoso dúo masculino formado por Clark Gable y Spencer Tracy. Su gran oportunidad le vino como hemos comentado en la comedia de Leisen “Medianoche” donde fue cedido a la Paramount y con su encarnación del inventor del teléfono Graham Bell en “El gran milagro”. Después aparecería en varias comedias musicales de la Fox en Technicolor y no volvería a estar en primera línea hasta que fuera dirigido por Lubitsch. Allí Ameche supo estar a la altura del desempeño exigido y dio sobradas pruebas de su maestría en el género.
 

En la cinta que comentamos Ameche vuelve a estar brillante en el papel de un periodista aventurero a quien idolatra su amigo un estupendo Richard Foran, quien a su vez está casado con Claudette Colbert, que no soporta la auténtica veneración que su cónyuge siente por él. Cuando el matrimonio va iniciar la luna de miel que por motivos de trabajo nunca pudieron celebrar, se anuncia la llegada del intrépido amigo. La Colbert vuelve a interpretar el papel de ama de casa que añora un modo de vida más glamuroso, tal como sucedía en Un marido rico de Sturges, aunque en este caso no hay ningún pretendiente millonario de por medio, centrándose los equívocos en el admirado periodista que dista mucho de ser el amigo idealizado por el marido. Tres años después Claudette Colbert y Don Ameche cerrarían su colaboración con un drama de suspense "Pacto Tenebroso" que fue uno de los primeros éxitos del realizador Douglas Sirk en América.
El cámara Joseph A.Valentine con los protagonistas del filme
 
 

 
Aunque es una película filmada sin grandes medios, y sin grandes pretensiones, Lo que desea toda mujer cumple de maravilla con su objetivo de divertir al espectador, merced a su estupendo reparto, el acertado guion y la dirección del Wood más divertido. Un realizador que merece mejor consideración de la que habitualmente se le tiene. No sería un Wilder, ni un Hawks o Lubitsch pero esta comedia está por encima de las firmadas por directores con mejor prensa. Recomendada para todos los públicos, especialmente para las esposas que están hartas de los amiguetes de su consorte, seguro que entenderán la película a las mil maravillas.
 

miércoles, 15 de marzo de 2017

La máscara del otro (1933) Ronald Colman vale por dos



Comienzo a escribir este post precisamente el 8 de Marzo "Día Internacional de la Mujer". Entre otras causas se reivindica la continua lucha de estas  por abrirse un camino vedado durante siglos para su sexo. Uno de los primeros escollos que fueron soslayando las mujeres fue precisamente el de la literatura. La autora de la novela en la que se inspira la película de la que hablamos alcanzó una fama inusitada para su tiempo. irlandesa, hija de un poderoso banquero consiguió en muy poco tiempo que sus obras fueran enormemente populares a ambos lados del Atlántico. Ella padeció los celos artísticos de su esposo, también escritor, siendo la causa principal de su divorcio. Después de escribir un puñado de obras casi todas best-seller falleció al parecer de una asfixia provocado por sus problemas epilépticos con tan sólo 36 años. Una sombra de duda no obstante siempre rodeó su muerte, las sospechas recayeron sobre su prometido y heredero de su fortuna que además era médico. Lo cierto es que su óbito fue tan sensacional como el argumento de sus  novelas.



La Máscara del Otro se basa en su creación más popular John Chilcote MP o The Masquerader, con el primero se editó en Gran Bretaña y el segundo fue el de su edición en USA. Desde el principio su argumento no sólo lo aupó a los primeros lugares de ventas sino que en 1912 ya se produjo un cortometraje basado en la novela. En 1917 fue adaptada al teatro por John Hunter Booth  y vuelta a poner en pantalla en diversas ocasiones en el periodo mudo. Hay una versión húngara de 1919, en 1922 otra rodada en Hollywood y al año siguiente una coproducción franco-rusa que en España se tituló " Paraísos artificiales". La historia que narra los avatares de un prestigioso político inglés adicto a la morfina que se sirve de un doble, resultaba muy apetecible para el gran actor ruso Ivan Mozzhukhin, entonces en la cumbre de su fama.


Si prestigioso era Mozzhukhin en Europa, Ronald Colman en América no lo era menos. Este actor británico que siempre a gozado de mi predilección, no era la primera vez que se enfrentaba al reto de interpretar un doble papel. En 1927 ya lo hizo en uno de sus mayores éxitos de su etapa muda "La llama mágica" interpretado junto a su pareja por excelencia de la época la bella Vilma Bánky. Una de las más famosas películas perdidas del cine. Posteriormente en 1937 realizaría otro doble papel en uno de sus títulos más recordados "El Prisionero de Zenda", cuyo doble personaje tiene bastantes características similares a los de la película que hoy nos ocupa. Dos personajes públicos aceptados por una drogodependencia. En el caso del rey del imaginario país de Ruritania es el alcohol, mientras que las sustancias que destrozan la vida del diputado británico Chilcote no aparecen demasiado claras en el guion de la versión de 1933, una mezcla de alcohol y drogas nebulosamente explicadas.
 


Esta fue la última película de Colman con Samuel Goldwyn, para quien llevaba trabajando desde 1925. De hecho el peculiar productor había convertido a Colman en toda una estrella, siempre en producciones de alta calidad, cuando fue cedido para otros estudios fue para obras tan excelentes como El Abanico de Lady Windermer de Lubischt y la primera versión de Beau Geste. Pero esto no implicaba que las relaciones con Goldwyn siempre fueran traumáticas. Cuando se hizo inmensamente popular sus películas junto a Vilma Banky el productor intentó por todos los medios hacer creer al público que la relación también existía en la vida real. Colman se negó en redondo, ya tenía bastantes problemas con mantener lejos del estudio a su esposa, una mujer perturbada que irrumpía de vez en cuando montando escenas de celos. Colman tardaría años en poder divorciarse. Además de ese tipo de intrusiones Sam Goldwyn era conocido por airear en público opiniones que en ocasiones eran totalmente falsas. La gota que colmó el vaso de Colman fue cuando afirmó Goldwyn que el actor se había metido cuatro copas en el cuerpo para interpretar su personaje de Chilcote. Esto provocó la ira de Colman que ante todo era un gran profesional. Decidió no renovar su contrato con  el productor y lo demandó por injurias. Aunque al final se arreglara el asunto sin pisar los tribunales, Colman prometió no volver a aparecer en un filme de Goldwyn...y lo cumplió. Fue uno de los primeros actores que decidieron trabajar por libre, sin estar vinculado a  ningún estudio.
 
La película cuenta con la excelente fotografía de Gregg Tholand


El prestigio y la gran popularidad de Colman le permitía llevar su carrera sin el paraguas de un gran estudio. Pero no todos los casos fueron iguales. La exquisita Elissa Landi que comparte cartel en el filme con Colman no tenía  la misma posición en el Hollywood de la época. La máscara del otro fue rodada entre los dos grandes éxitos de la actriz: El Signo de la Cruz y El Conde de Montecristo una producida por DeMille para Paramount y la novela de Dumas por el independiente Edward Small, pero el estudio que contrató a Landi tras verla actuar en Broadway en la adaptación teatral de Adiós a las armas había sido la Fox. Landi ya tenía experiencia delante de las cámaras en Inglaterra donde rodó uno de los mejores filmes silentes británicos "Underground".Tras un prometedor debut en Body and Soul con la estrella Charles Farrell y dos novatos Bogart y Mirna Loy, sus siguientes películas fueron bastante malas y sólo las cintas que he citado y la que hoy nos ocupa tuvieron repercusión. Ante esa situación Landi decidió rescindir su contrato con la Fox y lanzarse a la aventura. Pero esta no resultó como ella pretendía, de las pocas películas que rodó después casi la única que se recuerda fue Ella, el y Asta la segunda película (y para mi la mejor) de la saga de El Hombre Delgado.
 
 


Esa desafección no parece que hizo mella  y decidió volver a Broadway sin tampoco tener demasiado éxito, parece que la suerte le sonrió más en su otra gran pasión, las letras. Escribió seis novelas y algunas poesías. Realmente Elissa Landi es un personaje fascinante. Desde sus legendarios orígenes, fantasías urdidas por su madre que se decía hija del emperador Francisco José (aunque hay investigadores que si encuentran indicios de certeza), todo parecía envolverla en un aura que no han tenido otras estrellas de mayor calidad interpretativa. Sin duda su exquisita belleza quedará perenne en la pantalla setenta años después de su muerte a causa de un cáncer con tan sólo 43 años. Aunque su aporte en La Máscara del Otro se supedita al doble lucimiento de Colman, Elissa Landi compone a la perfección la imagen de dama sufrida, elegante y de gran  corazón y como siempre bellísima.


Pero con quien comparte más escenas Colman no es con la bella Elissa sino con  Halliwell Hobbes, uno de esos imprescindibles secundarios del cine clásico que aquí interpreta al fiel mayordomo de Chilcote. Hobbes está como siempre en su más de un centenar de apariciones entre cine y televisión perfecto. Al igual que sus compañeros de reparto se inició en las tablas, británico como  Colman había nacido en la misma localidad de Shakespeare. Elissa Landi en Venecia y Juliette Compton la única norteamericana del elenco principal interpretando a una vampiresa bastante insulsa que lleva a Chilcote por la pendiente de su autodestrucción.
 
 
 
 


No se si sería a causa de que sus relaciones iban deteriorándose con Goldwyn, pero resulta curioso que el productor pusiera la película bajo la batuta del modesto artesano Richard Wallace cuando en sus últimas películas a Colman le habían dirigido George Fitzmaurice, John Ford y King Vidor. Wallace que estaba en el cine desde la primera década del siglo XX apenas hizo algún filme destacable en su larga andadura. En este filme no parece que hiciera mucho más que ponerse al servicio de la historia. Cierto es que en  el engranaje del Hollywood clásico con frecuencia eran más importantes los guionistas que el propio director y aquí si que Goldwyn puso toda la carne en el asador. Los encargados son dos de los más prestigiosos guionistas que a tenido el cine: Howard Estabrook y Moss Hart. Estabrook que era otro veterano de Hollywood había encontrado finalmente su hueco como adaptador de historias para el cine. Dos años antes en 1931 ganó el oscar por Cimarrón donde adaptaba el bet-seller de Edna Ferber y sería el responsable de la considerada si exceptuamos las cintas rodadas por David Lean mejor adaptación de Dickens, nos referimos claro está al David Copperfield de Cukor. Si Estabrook era el presente ,Moss Hart sin duda representaba el futuro. Su anterior producción había sido Carne un drama de John Ford a  mayor gloria de Wallace Beery, pero ante todo consiguió la fama en el teatro junto a George S. Kauffman con excelentes comedias que además fueron llevadas a la pantalla. La más famosa de ellas es Vive como quieras (1938) de Capra. Aunque cuando volvió de vez en cuando al cine fue para firmar los guiones de películas tan memorables como La barrera invisible (1947) y Ha nacido una estrella(1954).
 
 
 


Los guionistas acertadamente situaron la película en el presente que eran los tumultuosos años treinta. Una época de depresión económica y de inestabilidad política ¿Les suena? Claro que por supuesto todo ello está subordinado al drama personal de Chilcote y su contraposición con John Loder su doble, un hombre que no ha tenido las oportunidades sociales de Chilcote pero que por el milagro primero de la señora Thurston y luego de Hollywood puede arreglar el imperio británico y enamorar a la hermosa señora Chilcote. Pues si se trata de Ronald Colman ¿Cómo no va a poder ser? Cuando está Colman en la pantalla todo puede ser posible y si tiene al lado a la bella Elissa Landi mejor que mejor.
 
 
 
 
 





 

viernes, 24 de febrero de 2017

La máscara de Hierro(1939) La nostalgia a veces no engaña



Que desilusión cuando después de volver a ver ciertas películas que en nuestra niñez nos causaron sensación, comprobamos como los años nos han hecho cambiar de opinión sobre ellas. Pero afortunadamente muchas de ellas, curiosamente las más antiguas, consiguen mantener ese espíritu mágico que nos fascinó en nuestra infancia. La Película de la que vengo a comentar hoy está en esa maravillosa categoría. Un estupendo clásico del cine de aventuras, que aunque menos conocido que otros, para mi se haya a la misma altura e incluso supera a títulos más reconocidos.
Uno de los grandes aciertos del filme es que esté dirigido por un gran maestro como fue el británico James Whale. El autor está en esa penosa lista de directores que tuvieron una carrera demasiado corta. En apenas una década nos dejó una serie de magníficas películas, siendo especialmente recordadas las del género fantástico y de terror. Whale dirigió las magníficas "El hombre invisible", "El caserón de las sombras" y "El doctor Frankenstein" y "La novia de Frankenstein" donde conseguía superar la cinta original, añadiéndole un delicioso sentido del humor del que muchos años más tarde se servirían Mel Brooks y Gene Wilder para su hilarante aunque mucho más burda cinta.
Pero Whale no sólo dirigió películas de miedo, filmó alguna comedia más que notable, también estuvo a cargo de la primera y mucho más descarnada adaptación de "El puente de Waterloo" e igualmente estuvo con creces a la altura de llevar a la pantalla el musical por antonomasia "Show Boat" de la que hablamos ampliamente en otro post.
Todos estos logros fueron posibles gracias a la colaboración de Carl Laemme Jr., vástago del fundador de los estudios Universal, una productora que pese a fundamentarse su producción en películas de bajo presupuesto, siempre tuvo la ambición de realizar filmes de prestigio pese a el desembolso que esto pudiera suponer. Desgraciadamente esta benemérita política no acabó por tener el respaldo unánime del público lo que acabó con que los Laemme perdieran el control sobre el estudio que paso a manos menos creativas, sumiéndolo durante una década hasta su fusión con International Pictures, en una producción de títulos mayoritariamente de serie B.
Whale que era junto a John M. Stahll el director estrella de Universal, vio como los nuevos dueños pensaban destinarlo a producciones de serie B, por lo que abandono la seguridad de la hasta entonces su casa, trabajando para diferentes estudios. En 1937 rodó en Warner un biopic sobre la vida del actor inglés Garrick, con Brian Aherne y una encantadora Olivia De Havilland, donde dio buena muestra de su talento para el decorativismo recreando una época tan fascinante como el siglo XVIII. Esa recreación histórica no era la primera del director inglés pues en el prólogo de "La novia de Frankenstein" hacía aparecer a Mary Shelley, su esposo y Lord Byron en los albores del romanticismo.
Cuando se encargó del proyecto de El hombre de la máscara de hierro, recargó al máximo los decorados, proporcionando un mundo irreal pero adecuado para el mundo de fantasía que intentaba crear. Esos lujos decorativos fueron los únicos que le permitió el productor de la película Edward Small que hacía honor a su apellido, intentando cercenar todos los gastos que el creía excesivos.
Ya Small se había especializado en llevar a la pantalla las criaturas de Dumas. En 1935 había producido una adaptación de El conde de Montecristo que gozó de gran popularidad, merced especialmente al desempeño del gran Robert Donat como Edmundo Dantés. Este era el mayor acierto del filme, que por lo demás queda empequeñecido al compararlo con la versión francesa que unos años antes rodara Pierre Frescourt, con magníficos escenarios naturales y grandes decorados.
La leyenda del hombre de la máscara de hierro era harto conocida cuando Alejandro Dumas decidió combinarla en la postrera aventura de los tres mosqueteros titulada El Vizconde de Branguelone. El mismo año que Frescourt dirigía su Montecristo, Douglas Fairbanks con el ya veterano Allan Dwan tras la cámara protagonizaba la versión hasta entonces más conocida de la Máscara de Hierro, en la que la acción era por supuesto parte principal de la película.
Uno de los pocos peros que se le pone al filme de Whale es que abunden poco los momentos de acción, siendo además el director británico famoso por su ágil pulso narrativo. El problema fue una vez más económico, Small se negaba como hemos referido a realizar nuevos desembolsos. Era un hombre práctico, en las antípodas de un David O´Selznick que no había reparado en medios para llevar a la pantalla otro clásico de aventuras como El prisionero de Zenda.
Así que Whale fue paulatinamente perdiendo interés por el filme, cumpliendo con su oficio, pero sin poner toda su alma en él. No obstante escenas como las románticas, o las que se refieren a la tenebrosa máscara, nos devuelven al mejor Whale que además conto con un estupendo guion a cargo de George Bruce.
Otro de los encontronazos que tuvo Whale con Small tuvo que ver con el reparto. Cuando en 1938 el director firmó su contrato se le aseguró que contaría con un gran elenco. El tenía pensado en Douglas Fairbanks jr. para el doble papel protagonista y a John Barrymore como el anciano D´Artagñan. Pero Small tenía bajo contrato a un joven actor llamado Louis Hayward que finalmente impuso. En este punto creo que la actitud de Whale fue injusta pues Hayward recreó estupendamente tanto al noble Felipe como a su malvado hermano gemelo Luis. Con este papel Hayward ha pasado a la historia del cine, desgraciadamente su carrera no alcanzó el vuelo que seguramente merecía.
Años después Hayward protagonizó esta curiosa secuela de serie B o C
 
Por el contrario Warren William quien se encarga de interpretar a D´Artagnan se hallaba al final de una década durante la cual había gozado de papeles de gran enjundia. El advenimiento de nuevas figuras como Bogart, Cagney, Gable o Robert Taylor iban desplazándole de la parte superior de las marquesinas a un actor injustamente olvidado que dejó abundantes ejemplos de su buen hacer. Como muestra podemos citar su elegante Julio Cesar en la celebérrima Cleopatra de DeMille, el gangster de buen corazón en la primera versión de Dama por un día de Frank Capra, o su encarnación del famoso abogado Perry Mason, en un tono deliberadamente cómico, en las antípodas de la creación de Raymond Burr en su célebre serie televisiva y del que dimos cuenta en otra entrada de nuestro blog.
En el filme que hoy nos ocupa, William saca un gran partido a su personaje de veterano mosquetero. Gallardo en las escenas de capa y espada, utiliza su maravillosa vis cómica en una escena donde se hace pasar por un criado, creando uno de los mejores momentos del filme.
La heroína de la película fue una bella Joan Bennett, radiante con su magnífico vestuario de infanta española. Para la actriz era uno de sus primeros grandes papeles en una carrera que en la década siguiente la llevaría por los senderos del cine negro de la mano de Fritz Lang en un par de títulos inolvidables como son La mujer del cuadro y Perversidad, ambas junto a un notable Edward G. Robinson. Ya en esta temprana producción Bennett no sólo proporciona su hermosa presencia, también hace gala de un arrojo y personalidad incuestionable. Un año más tarde volvería a compartir cartel con Hayward en otra divertida cinta de aventuras titulada El hijo de Montecristo, con un estupendo George Sanders en uno de sus primeros papeles de malvado.
Joan anunciando cosméticos en 1947
 
En esta ocasión el papel de villano recayó en otro de esos actores caídos en el olvido con la misma injusticia, sino mayor que el caso de Warren William. Nos referimos al elegante Joseph Schildkraut, galán del cine austríaco que debutó en Hollywood en la minusvalorada y estupenda Las dos huérfanas de Griffith, aunque su papel más famoso en el cine mudo se lo proporcionaría Cecil B. DeMille componiendo el Judas Iscariote más apuesto de la historia del cine, en la mítica Rey de Reyes. Su carrera al contrario que muchos otros actores europeos no se vino abajo con el advenimiento del sonoro y en 1937 ganó el oscar al mejor secundario por su participación en La vida de Emilio Zola. En esta ocasión compone un exquisito malvado, Fouquet consejero del rey. Aunque para el productor Small, su interpretación pecaba de afeminamiento, cualquier espectador con buen juicio considerará brillantísima su composición. Huyendo de esos malvados de aspecto brutal y obscena apariencia, nos retrata como el mal bien puede estar disfrazado de elegancia y buenas maneras.
Todo el resto del reparto cumple estupendamente con su función, de entre todos ellos el más conocido es sin duda Allan Halle que acompañó a Errol Flynn en varias de sus más conocidas cintas, siendo su personaje más recordado, el de Little John de Robin de los bosques. En un brevísimo papel debutó ante las cámaras el luego famosísimo Peter Cushing. Resulta cuando menos premonitorio, que el que luego sería actor fetiche de la Hammer junto a Cristopher Lee, se iniciara de la mano del más excelso director de la etapa terrorífica de la Universal, de la cual dos décadas después la productora Hammer tomaría el testigo.
Quien acabó dejando el cine fue Whale, El hombre de la máscara de hierro sería su último gran éxito. Privado de su anterior libertad, decidió volcar sus inquietudes artísticas en el campo de la pintura. Los pingues beneficios que recibió al tener una participación en el porcentaje de la recaudación le ayudaron a poder dar este paso. Un año más tarde volvería con Joan Bennett y esta vez si Douglas Fairbanks jr. pero en esta ocasión Infierno verde hizo honor a su nombre y fue un gran fracaso tanto comercial como artístico. Sería la última película completada por uno de los grandes estilistas del cine de su época. Versátil como pocos, no sólo regalo miedos, ni canciones, también uno de las grandes películas de un género que cuando se muestra en todo su potencial nos hace por un rato volver a ser esos niños que luego tras ver la película, reproducíamos torpemente sus lances de esgrima.